Sri Lanka: un viaje desde Ocenu hasta las montañas
📍 Una ruta diferente a todas las demás.
La real Kandy, las ballenas y el tren por la selva: ¡una aventura sin límites por Sri Lanka!
Cuando por fin llegamos a Kandy, decidimos empezar con fuerza dando un paseo nocturno alrededor del lago. La ciudad rebosaba de vida y nosotros nos empapábamos de ese ambiente antes de caer rendidos de cansancio en nuestro primer alojamiento: The Castle Don. El nombre suena majestuoso y, os lo aseguro, ¡dormir en un «castillo» es el comienzo perfecto para un grupo como el nuestro!
Elefantes, templos y relajación real
Al día siguiente, a las 10:30 en punto, nos presentamos en el Elephant Freedom Project. Ver de cerca a esos gigantes alegres, sin cadenas, es pura magia: todo nuestro grupo estaba encantado y creo que ninguno de nosotros se creía del todo que esos animales fueran tan enormes. Pasamos la tarde tranquilamente, empapándonos de la atmósfera mística del famoso Templo del Diente, para por la noche volver a refugiarnos en nuestro Castle Don.
Las cascadas y la Ruta del Oro Verde
El día siguiente fue un auténtico asalto a los sentidos y… a la cartera, o más bien a la falta de ella, ¡porque la mayoría de las atracciones nos salieron gratis! Empezamos por las imponentes cataratas de Ramboda, donde la brisa refrescaba mejor que el aire acondicionado de nuestra furgoneta. Después nos adentramos en las pintorescas colinas del té. Visitamos Blue Field Tea y la fábrica de Giragama. Ver cómo se elabora el mejor té del mundo es una cosa, pero el aroma que flotaba en el aire es algo indescriptible.
El tren de Kandy a Ella y Nowa Baza
Llegó el momento del momento estrella: el emblemático trayecto en tren de Kandy a Ella. Asomando la cabeza por la ventanilla, con el viento en el pelo y el verdor extendiéndose hasta el horizonte. Cuando por fin llegamos al Puente de los Nueve Arcos (Nine Arches Bridge), nos sentimos como en una película de Indiana Jones. Por la noche, llenos de emociones, trasladamos nuestro equipaje a nuestro nuevo alojamiento: el Maison D Hotel.
Monstruos marinos y relax bajo las palmeras
¡Al amanecer nos lanzamos al océano! Por 50 dólares por cabeza nos dimos el capricho de hacer un crucero para avistar ballenas. Ver a esos gigantes emerger del agua es sencillamente alucinante. Después de tantas emociones, tuvimos que refrescarnos en la playa de Mirissa. También nos hicimos unas fotos en el famoso Coconut Tree Hill (¡la entrada es gratis y las vistas valen un millón de dólares!) y observamos cómo transcurre la vida en el pueblo pesquero local.
Cultura, el fuerte y una visita a los lugareños
El día siguiente lo dedicamos a la artesanía y la historia. Visitamos el taller de tejidos Sooriya Weaving Mills y luego nos perdimos por las encantadoras callejuelas del fuerte de Galle. Pero lo mejor llegó por la noche: tuvimos la increíble oportunidad de entrar en una casa local por invitación de los lugareños («Visit our home»). Comida auténtica, gente auténtica, la auténtica Sri Lanka.
Tortugas, cocodrilos y el gran final
Antes de instalarnos definitivamente en la playa, nos dirigimos al criadero de tortugas (la entrada solo costaba 2000 rupias, y la alegría fue enorme), para, poco después, subirnos a un barco y, por 20 dólares, navegar por el río Madu, ¡buscando cocodrilos entre los manglares! Recuperamos el resto de nuestras fuerzas en el Mario Beach Hotel. El 2 de febrero hicimos una rápida visita de despedida a Colombo y, el día 5, con lágrimas en los ojos y arena en los zapatos, pusimos rumbo al aeropuerto.